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viernes 16 noviembre 2018
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Pronóstico de Tutiempo.net

Sigue las repercusiones de aquella final de la libertadores 89, Olimpia y Nacional Medellin, el padrino Julio Grondona, que guardo los secretos de soborno y amenazà.

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Un informe que se dio a lux, este fin de semana por medio de comunicación de infobae, se dio después de 28 años, fue el 31 de mayo de 1989 esa final, los siempre se presumía en ese encuentro que avía un maletín para los arbitro y jugadores las amenaza de parte del desaparecido Pablo Escobar

Juan-Carlos-Pichi-Loustau-arbitro

Aquí un resumen de Infobae por parte= Ernesto Cherquis Bialo

El auto que los llevó desde el hotel hasta el estadio Atanasio Girardot los dejó a más de un kilómetro. Esto los obligó a caminar bajo un sol despiadado con traje y corbata entre la multitud para ser fácilmente identificados y amenazados a cada paso. Y ya en el camarín, hallaron una corona de flores gigante colgando de una de las paredes y un crucifijo con tres velas. ¿Una para cada uno si no ganaba Atlético Nacional de Medellín?

Antes que finalizara el primer tiempo Nacional se imponía por 3 a 0 y el partido terminó 6 a 0 con cuatro goles del Palomo Usuriaga, uno de Alexis García y el otro de Niver Arboleda. Alguno de esos goles desde 40 metros y otros por insólitos errores defensivos de un equipo en el que jugaban Zeoli, Moas, Kanapkis y el Polillita Rubén Da Silva, entre otros. Siempre se sospechó que Pablo Escobar, quien nunca se declaró hincha de ninguno de los dos equipos de Medellin, “abogó” por la causa de un campeón de la Libertadores de la ciudad y que esto formaba parte de su programa “Medellín sin tugurios”. El logro también lo distinguiría ante sus competidores del “Cartel de Cali”.

Es una versión nunca desmentida que los jugadores de Danubio sufrieron tormentos, amenazas y extorsiones por parte del Cartel de Medellín. En cambio nunca se pudo comprobar que Escobar los haya sobornado con 500.000 dólares por “dejarse ganar”.

Puesto que Olimpia de Paraguay había logrado una histórica clasificación ganándole a Inter de Porto Alegre 3-2 de visitante en el Beira Río, dando vuelta una ida de 0-1, los protagonistas de la final serían Atletico Nacional de Medellín y Olimpia de Paraguay.

— ¿Cómo andas Juan?, le preguntó Loustau a Bava por teléfono ya de regreso.

— ¿Sabés una cosa?.—

— Decime.—

— Me acaban de designar para dirigir el segundo partido de la final entre Nacional de Medellín y Olimpia en Colombia.—

— Ah, pará, entonces tenemos que hablar. ¿Dónde estas?.—

Bava y Loustau se reunieron en el café de al lado de la AFA y Juan le contó a Pichi la “odisea” sufrida en Medellín.

Julio Grondona, al leer el informe ingresado a la secretaría de la AFA sobre todo lo acontecido, pidió que no se hiciera público pues lo que estaba en riesgo eran vidas, no resultados. Y actúo rápidamente. Hizo que todo el Comité Ejecutivo de la Confederación Sudamericana viajara a Colombia para “presenciar” el último encuentro y que todos sus dirigentes sean testigos directos del partido. Logró que Nacional trasladara la localía desde Medellín hasta Bogotá “por una cuestión de capacidad”. Y se designó a la terna integrada por Juan Carlos Loustau, Francisco Lamolina y Jorge Romero –quien nos dejara hace un año- para dirigir el partido. Un lujo digno de una final tan difícil y con tantos intereses periféricos en juego.

Olimpia de Paraguay, que había ganado el partido de ida en el Defensores del Chaco por 2-0, se fue a concentrar a Cali, la ciudad de quienes “competían” con Pablo Escobar. Se sostuvo que le dieron respaldo logístico al club paraguayo, presidido por el poderoso empresario Osvaldo Domínguez Dibb, los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, jefes del “Cartel de Cali”. Ellos más sus socios José Santa Cruz Londoño y Helmer Herrera Buitrago, todos capos del narcotráfico de Cali, tenían especial interés en que Pablo Escobar no le “diera” a Medellín una alegría tan significativa como ver y vivir al Atlético Nacional campeón de la Copa Libertadores.

Juan Carlos Loustau, Jorge Romero y Francisco Lamolina se alojaron en el hotel Tequendama. Mientras cenaban la noche anterior a tan esperado partido, una persona con gesto adusto, modales ordinarios, vestido con un traje negro, paso acelerado y mirada intimidante se detuvo junto a la mesa y les acercó un maletín al tiempo que les decía en voz baja pero enérgica: “Colombia no puede perder más finales”. Apoyó el maletín en el piso tocando la parte baja de la mesa y al tiempo que Romero y Lamolina se pusieron de pie para pelearlo, el delincuente se abrió el saco y mostró un arma encajada en su cintura…

A pesar de ello fue el propio Loustau quien le metió un codazo en el estómago en medio de un rápido tumulto. Cuando la vigilancia se acercaba, pues estaban en “estado de alerta”, el intruso retomó el portafolios y mientras se retiraba precipitadamente volvió a amenazarlos: “O gana Nacional o se vuelven en ataúdes a casa”.

Tras muchas deliberaciones y con la colaboración de Pancho Lamolina y Jorge Romero, el Pichi entendió que resultaría peor para todos no jugarlo que hacerlo aún bajo amenaza. Y en esas condiciones salieron a dirigir.

Nacional de Medellín tenía que hacer dos goles para ir a penales y tres para ganar la Copa Libertadores. El día anterior un atentado criminal en Bogotá dirigido contra el Director Administrativo de la DAS, Miguel Maza Pachón le había costado la vida a siete personas. Y dos semanas antes de la gran final había volado el estudio desde donde se emitía el noticiero Mundo Visión. En estos como en otros terribles casos anteriores, la Policía adjudicó los atentados al “Cartel de Medellín”. En cualquier conversación “casual” con la terna arbitral se les recordaba, como “parte de la conversación”, “los de Medellin, los que tienen a Pablo Escobar como patrón, son terribles, miren lo que pasó con el avión de Avianca con 109 muertos…”.

Como no podía ser de otra manera, la terna arbitral argentino . Pero el partido lo ganó Nacional por 2 a 0 con goles de Fider Miño y Albeiro Palomo Usuriaga y entonces había que patear tiros libres desde el punto del penal para definir quién sería el campeón. El resultado del partido condicionado a los penales. ¿También la vida de los árbitros, de irreprochables tareas, dependería de los penales?

Luis Cubilla, director técnico de Olimpia hizo la lista de sus shoteadores. Del otro lado, Francisco Maturana la consensuó con sus jugadores.

El primer penal lo ejecutó el arquero uruguayo Éver Almeida y fue afuera. O sea que al término del tercer penal, Nacional ganaba el partido por 3 a 2 y era campeón, pues ya habían convertido Andrés Escobar, el Palomo Usuriaga y Jhon Jairo Trellez…

Sin embargo, dos coches se cruzaron cuando Loustau regresaba en un taxi al hotel después de ir a buscar a la Cadena Caracol el video tape del partido para incorporarlo a sus recuerdos.

Tu no cumpliste lo pactado. Te ofrecimos un maletín con el dinero y lo dejaste. No entendiste el mensaje.—

Lo dejaron en el medio de un descampado a unos ocho kilómetros del centro. El árbitro corrió temiendo encontrarse con alguien que apareciera desde algún matorral. Un vecino de buena voluntad le indicó dónde podría encontrar un taxi. Lo hizo. Llegó exhausto al hotel Tequendama. Sus compañeros Lamolina y Romero desesperados tras buscarlo por todas partes lo pusieron dentro de la bañera con agua bien caliente, llamaron al médico y éste le dio un sedante.

Recién en el vuelo de regreso, ya cerca de la medianoche y rumbo a Ezeiza, fue recuperando el habla para contar lo sucedido.

— Me cruzaron dos autos, se bajaron cuatro tipos con ametralladoras en el medio de un descampado, me querían matar por que dijeron no entendimos el mensaje cuando rechazamos el maletín que trajo aquel tipo al hotel…—, sintetizó Juan Carlos Loustau.

Después de los años transcurridos podríamos decir que estos árbitros argentinos entendieron perfectamente el mensaje. No el de los sicarios de Pablo Escobar Gaviria

 

fuente =infobae y capiata news

 

 




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